Un viaje oscuro y elegante en “El (in) correcto uso de la metáfora”
Hay discos que acompañan y discos que empujan. Este empuja. Richard Coleman vuelve al frente de batalla con “El (in) correcto uso de la metáfora”, su sexto trabajo solista, una obra que no pide permiso y que se para, firme, en el terreno donde la poesía se vuelve filo y la distorsión es un idioma.

“El (in) correcto uso de la metáfora” – Portada
Nueve tracks. Nueve puñaladas elegantes.
Amor, fantasmas, desazón y demonios: los viejos aliados del rock, reprogramados para hablarle a este 2025 que aún no termina de entender si está vivo o atrapado en loop.
Coleman no revolea guiños retro ni cae en la trampa de la nostalgia fácil. Esto no es revival, es reconstrucción.
Musicalmente, el álbum se pasea por pasillos sombríos del post-new wave, con texturas heredadas de la línea Roxy Music / Bowie berlinés / Magazine, pero actualizadas con precisión quirúrgica. Nada está librado al azar: cada synth, cada riff, cada espacio tiene su función y su veneno.

Richard Coleman..
Antes de la descarga completa, “Como antes” y “Eternidad” sirvieron como carnada emocional: una muestra de que el universo Coleman no solo sigue vigente, sino que respira mejor que nunca. Y ahí, en medio del pulso melancólico y los delays siderales, se cuela una presencia mítica: Phil Manzanera (sí, el mismo que le puso magia a Gilmour y Eno) aporta guitarras en tres temas. Un hito. Un lujo. Una deuda saldada con su yo adolescente….
“Escuché su solo desde el ampli a mis espaldas…”, confesó Coleman recordando ese primer cruce en 2017. Ahora ese mismo ampli sonó en sus canciones. Justo. Hermoso.

Richard Coleman junto a Phil Manzanera.
El cierre llega con “Buque”, donde Lidia Borda rompe todo con un solo vocal que eriza incluso al que ya no se eriza con nada.
Flopa Lestani, por su parte, suma su color inconfundible como contrapunto vocal y emocional en varios tracks. Una combinación inesperada, pero brillante.
Detrás del telón, la producción quedó en manos de Juan Blas Caballero, que mete mano con samples y programación quirúrgica, mientras Coleman hace lo suyo: voces, guitarras, sintetizadores y dirección espiritual del asunto.
Completan la escena: Daniel Castro (bajo), Gonzalo Córdoba (guitarra), Bodie (sintes) y Diego Cariola (batería) los fieles del Trans-Siberian Express, banda que lo acompaña en vivo desde hace más de una década.
Este disco no es solo música. Es una declaración.
Una muestra de que el rock maduro no tiene por qué sonar vencido, ni el arte resignarse a la comodidad.
Si todavía creés en los discos que te abren la cabeza y te achican el corazón… escuchalo.
**Para MSA News, sin dudas corre en punta para ser de los mejores discos del año, sino el mejor**

