Hoy hablamos de paridad en festivales, de line-ups diversos y de inclusión en la industria electrónica. Pero hace tres décadas, la realidad era muy distinta: las DJ mujeres eran una excepción dentro de una escena que crecía en creatividad, pero no en igualdad.

A fines de los 80 y durante los 90, el house y el techno explotaban en ciudades como Detroit, Manchester y Berlín. La cultura club se expandía globalmente. Sin embargo, en la cabina casi siempre había hombres. No era solo una cuestión numérica: existía una estructura que ponía en duda la capacidad técnica de las mujeres, que reducía su rol a la imagen y que limitaba su acceso a oportunidades clave.
Muchas comenzaron de forma autodidacta, aprendiendo a mezclar vinilos sin redes de apoyo ni referentes visibles. No había mentorías, no había colectivos consolidados y tampoco un debate abierto sobre desigualdad de género en la música electrónica.
El cambio no vino desde arriba. Vino desde adentro.
Algunas artistas decidieron organizarse, crear colectivos, fundar sellos independientes y generar sus propios espacios. La escena queer fue, en muchos casos, un territorio más abierto y seguro para desarrollarse profesionalmente. Esa construcción colectiva fue clave para empezar a romper la lógica dominante.
Recién a partir de 2015 el debate por la paridad comenzó a instalarse con fuerza en festivales y grandes eventos. La presión pública sobre los line-ups exclusivamente masculinos generó un punto de inflexión. Desde entonces, crecieron las redes FLINTA, las iniciativas de inclusión y la presencia femenina en escenarios globales.

Pero el dato incómodo sigue ahí: más visibilidad no siempre significa igualdad estructural. Persisten brechas en honorarios, menor representación en horarios centrales y una tendencia a destacar a las artistas por su género antes que por su propuesta musical.
Treinta años después, la discusión ya no es si una mujer puede dominar una pista. Eso está más que demostrado. La pregunta ahora es otra: ¿la industria está dispuesta a sostener condiciones reales de equidad o la paridad sigue siendo un discurso más que una práctica?
La historia de las DJ femeninas no es solo una historia de música. Es una historia de resistencia cultural dentro de una escena que se construyó como disruptiva, pero que también tuvo que revisarse puertas adentro.

