Investigadores de la Universidad de Southampton desarrollaron una nueva generación de fibras ópticas basadas en canales huecos llenos de aire que prometen transformar los sistemas de transmisión de datos. A diferencia de las fibras convencionales, cuyo núcleo sólido de vidrio limita la velocidad y aumenta la pérdida de señal, esta arquitectura guía la luz a través del aire, reduciendo de forma notable la atenuación y ampliando las capacidades operativas de las redes de comunicación.

El funcionamiento se basa en un principio simple: la luz se desplaza casi un 45 % más rápido en el aire que en el vidrio. Al eliminar el material sólido del núcleo, los pulsos ópticos pierden menos energía, pueden recorrer mayores distancias sin repetición y admiten potencias significativamente más altas. Mientras que en una fibra tradicional aproximadamente la mitad de la señal se atenúa cada 15 a 20 kilómetros, en estas fibras huecas la distancia para alcanzar la misma pérdida se extiende hasta unos 33 kilómetros. Esta diferencia reduce la necesidad de repetidores y habilita ahorros operativos de gran impacto.
Según el investigador principal, Francesco Poletti, el diseño abre la puerta a infraestructuras más eficientes y escalables, al tiempo que incrementa de forma sustancial la capacidad de transporte. Las pruebas realizadas indican que estos canales huecos pueden transmitir más de 1.000 veces la potencia que soporta una fibra convencional, además de operar en un rango mucho más amplio de longitudes de onda. Este último aspecto resulta crítico para aplicaciones de nueva generación, como la transmisión de pulsos de un solo fotón utilizados en comunicación cuántica.

El avance radica en una microarquitectura particularmente precisa: cinco cilindros diminutos, cada uno con dos cilindros anidados, se ensamblan en torno a un cilindro central más grande para conformar la estructura principal. Esta configuración permite que únicamente determinadas longitudes de onda entren al canal óptico y evita fugas de luz, manteniendo los pulsos firmemente confinados. La estabilidad del confinamiento óptico es uno de los factores que históricamente había impedido el uso masivo de fibras huecas fuera de entornos altamente especializados.
La transición desde el laboratorio hacia la producción industrial exigió resolver un desafío estructural: mantener la geometría exacta de los canales mientras la preforma de vidrio —de aproximadamente 20 centímetros de diámetro— se reduce hasta alcanzar dimensiones microscópicas cercanas a los 100 micrómetros. Durante el estiramiento, las cavidades huecas se presurizan para conservar su forma, un proceso que difiere del método estándar utilizado para fabricar fibras macizas.
La producción y comercialización de esta tecnología ya está en marcha a través de Lumenisity, una empresa derivada de Southampton que posteriormente fue adquirida por Microsoft. El interés industrial se explica por su doble valor estratégico: por un lado, permite aumentar la eficiencia y reducir los costos de las redes actuales; por otro, posiciona las infraestructuras ópticas de próxima generación para soportar aplicaciones emergentes de computación y comunicación cuántica.
En el ámbito científico, esta reducción en los costos de fabricación podría habilitar nuevos experimentos que antes eran inviables. Para la comunidad cuántica, donde la manipulación de fotones individuales es esencial, la disponibilidad de fibras huecas de alta calidad a precios menores representaría una expansión considerable de las capacidades de investigación y desarrollo.
Este diseño plantea así una ruta concreta para superar las limitaciones físicas de la fibra óptica tradicional, generando un ecosistema de transmisión más rápido, más robusto y orientado a las tecnologías de comunicación del futuro.

