Las tribus ricoteras coparon la ciudad de las diagonales para ver una vez más a la banda del INDIO, quién a través de las pantallas, envió un saludo en el marco del festejo de los 20 años de la banda.
por FACUNDO MUÑOZ
(Cobertura) Llegamos con mi amigo/hermano “ñanga” a una estación de servicio ubicada a la orilla de una rotonda en calle 525 y 12 (en La Plata, las calles tienen números). Estacionamos el coche y empezamos a caminar, a las dos cuadras nos encontramos con Pocho, unos de esos tipos que “no duermen por la noche”. Pocho y su familia montan un puestito de bebidas y comidas en la esquina de su casa, la oferta va desde sanguches de milanga hasta fernet y cervecita helada. Pedimos un fernet y seguimos andando.

A las cuadras sobre un bulevar, ya flameaban banderas de con la cara de Carlos Alberto Solari, ese viejo hermoso, que se escucha en todos los parlantes de bluetooth de las calles, su voz infinita, amontona las tribus de pendejos y no tan pendejos que vociferan frases, y cantan al son de las canciones de Patricio Rey en la previa de los que fué una nueva edición de la misa ricotera.
Esas tribus, estuvieron y están, de generación en generación el adn redondo se mantiene intacto, aunque lo que estamos a punto de escuchar dentro del estadio sea una banda que por momentos es una banda de covers de los redondos, eso ya no importa,el rock, la cofradía el duende del rock da vueltas por los alrededores de cada rincón del barrio donde se ubica el estadio.

La Plata volvió a convertirse en tierra sagrada ricotera este fin de semana. Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado celebraron los 20 años de su primer concierto, y uno de los momentos íconos llegó cuando el Indio Solari “volvió” al escenario a través de grabaciones proyectadas con potencia sobre las pantallas del estadio.
“El mister” puso su voz y su cuerpo en Tarea Fina, Nike es la Cultura, Flight 956, Pool, Averna, Papusa y un momento profundamente emotivo en Encuentro Con Un Ángel Amateur. Y el cierre, como dicta la liturgia, tuvo su propio “No lo soñé”, que desató un estallido colectivo de las tribus que enloquecidas cantaban “olé, olé, olé, indio”.

Para el final, la banda se reservó otra aparición clave del Indio: el cierre con “Jijiji”, que desató el final de una fiesta que va a quedar grabada en la piel de las más de 50 mil almas que convirtieron el estadio en una caldera de rock y alegría.
Agradecimientos a LUZ ESPECHE y EQUIPO.

