Aunque la mayoría de los argentinos afirma cuidar su salud, distintos estudios advierten que el consumo intensivo de redes sociales se consolida como uno de los hábitos más problemáticos del presente, con impacto directo en el bienestar mental y emocional.
Un reciente relevamiento realizado en Argentina volvió a poner el foco en una contradicción cada vez más visible: la salud aparece como una prioridad declarada, pero ciertas prácticas cotidianas revelan señales de alarma. Entre ellas, el uso excesivo de redes sociales, que ya supera a conductas de riesgo históricas como el tabaquismo o el consumo abusivo de alcohol.

Según una encuesta realizada por Avalian a 2.500 personas durante 2025, el 80% de los consultados considera que cuida bien su salud y casi la mitad asegura haber mejorado sus hábitos respecto del año anterior. Sin embargo, el 54% reconoce que utiliza las redes sociales de manera desmedida, identificando este comportamiento como el principal hábito negativo incorporado en el último tiempo.
Especialistas advierten que la sobreexposición a pantallas se transformó en un indicador preocupante de la era digital, con potenciales consecuencias a largo plazo. La inquietud no es solo local: a nivel internacional, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos alertó que niños y adolescentes que pasan más de tres horas diarias en redes sociales duplican el riesgo de padecer problemas de salud mental, como ansiedad y depresión.
En Argentina, los datos refuerzan esta tendencia. Un estudio de la Universidad Católica Argentina (UCA) de 2024 reveló que el 28,1% de los adultos experimentó algún tipo de malestar psicológico. Un año después, una investigación de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires elevó ese porcentaje al 35%, evidenciando un deterioro sostenido del bienestar emocional en la población.

Si bien la salud mental comenzó a ocupar un lugar más visible en la agenda pública, los avances siguen siendo limitados. En el relevamiento de Avalian, el 35% de los encuestados afirmó haber mejorado su estado emocional durante 2025, mientras que el 53% se percibe igual y un 12% considera que empeoró. Las causas del malestar se vinculan tanto a cuestiones personales y laborales como al contexto económico general.
Otro dato relevante es la baja demanda de ayuda profesional: el 62% de las personas reconoció no haber consultado por problemas emocionales. En contraste, la atención médica general muestra mayor frecuencia: el 60% realizó más de un chequeo anual, el 26% uno solo y el 14% ninguno. Entre quienes no acudieron al médico, la falta de tiempo y la percepción de no necesitarlo fueron las razones más mencionadas.
De cara al futuro, el cierre del año también impulsa reflexiones y propósitos. El estudio “Salud argentina: hábitos y estilos de vida”, elaborado por el Instituto de Neurociencias y Bienestar de Insight 21 (Universidad Siglo 21), señala que la mayoría de los argentinos no alcanza los niveles recomendados de actividad física, alimentación saludable y descanso. En ese marco, las metas para 2026 reflejan una intención de cambio: más de 1.600 personas manifestaron querer realizar más actividad física, casi la misma cantidad apuntó a mejorar su alimentación, 1.199 buscan dormir mejor y 410 planean iniciar terapia.
Para Claudia Paviotti, gerenta médica de Avalian, el desafío actual excede la prevención clásica. “Los chequeos regulares siguen siendo fundamentales, pero hoy no alcanza con hablar solo de hábitos saludables. Es imprescindible revisar la relación que tenemos con la tecnología”, sostuvo. Y agregó: “Los profesionales de la salud debemos acompañar a las personas hacia un consumo digital más equilibrado y estar atentos a su impacto emocional. Gestionar la tecnología sin perder el vínculo humano es uno de los grandes retos de nuestro tiempo”.
El diagnóstico es claro: en una sociedad atravesada por la hiperconectividad, cuidar la salud implica también repensar el lugar que ocupan las pantallas en la vida cotidiana.

